miércoles, 30 de octubre de 2013

Los nueve culpables del envejecimiento


Hace ya 30 años que un gusano de un milímetro le dio al ser humano la lección de su vida. Aquella criatura era capaz de vivir el doble de lo normal y sin enfermedades. Con el tiempo, los humanos aprendieron que el secreto de su longevidad estaba en unos pocos genes y consiguió, modificándolos, crear otros gusanos que viven diez veces más o ratones matusalén que doblan su esperanza de vida y sin rastro de cáncer, una de las enfermedades más asociadas al envejecimiento. Por ahora no se ha logrado dar el salto para lograr lo mismo en humanos, pero, a cambio, empieza a estar clara la respuesta a una pregunta universal: ¿por qué envejecemos?
Treinta años después del primer estudio sobre los gusanos matusalén, un equipo de investigadores españoles ha analizado decenas de estudios realizados en estas tres décadas para recopilar las nueve causas demostradas del envejecimiento. El trabajo, publicado hoy en Cell, también desbanca supuestos remedios contra el envejecimiento y aventura cómo serán los fármacos que, en el futuro, permitirán alargar la vida y la salud de las personas.
“Por el momento, la única intervención con capacidad demostrada de extender la longevidad en modelos animales es la restricción calórica sin malnutrición”, explica Carlos López-Otín, bioquímico de la universidad de Oviedo y coautor del estudio. Pero ni siquiera esa restricción calórica, que se logra comiendo menos, ha demostrado aún ser efectiva para alargar la vida a los humanos.
Las buenas noticias son que los estudios con gusanos, ratones y otros animales realizados en estas tres décadas son “la demostración de que algo que parecía imposible se puede lograr”, opina López-Otín. De hecho un puñado de seres humanos conocidos como supercentenarios y liderados por la francesa Jean Calment, que vivió 122 años, son la prueba de que nuestra especie ha desarrollado variantes genéticas capaces de neutralizar o retrasar el envejecimiento.
También hay enfermedades humanas que han permitido desvelar nuevos mecanismos contra el envejecimiento. “Hay dolencias hereditarias humanas, como el enanismo de Laron, que se han asociado con menor incidencia de enfermedades, como cáncer, pero no hay datos de longevidad”, explican María Blasco y Manuel Serrano, investigadores del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas y coautores del estudio en Cell.
DAÑOS PRIMARIOS

El trabajo agrupa las causas del envejecimiento en tres niveles. El primario incluye daños en el ADN, la información genética que va almacenada en cada una de nuestras células y que guarda las instrucciones para el correcto funcionamiento del cuerpo. Cuando se dañan esas instrucciones aparecen mutaciones que dan lugar al cáncer, una enfermedad tan atada al envejecimiento que ambos “pueden considerarse dos manifestaciones diferentes del mismo proceso”, dicen los autores.

El daño en el ADN también causa enfermedades de envejecimiento acelerado y que convierten a personas de 30 años en ancianos. El grupo de López-Otín lleva años investigando alguna de esas dolencias y ya ha hecho importantes avances. “En nuestro laboratorio hemos podido revertir completamente el envejecimiento acelerado en ratones mediante modificaciones genéticas”, señala.
DAÑOS SECUNDARIOS

La longevidad es cuestión de equilibrio. Cuando este falla, mecanismos que en principio son esenciales para la supervivencia se vuelven contra el organismo. Esto es lo que sucede con las tres causas secundarias del envejecimiento. En unos casos, el mecanismo que limpia las células dañadas o viejas deja de funcionar correctamente y, lo que supone un efectivo sistema de reemplazo, se convierte en una fuente de envejecimiento acelerado. Lo mismo sucede con otros dos procesos que, hasta hace poco tiempo, se habían ensalzado como soluciones contra el envejecimiento, pero que ahora son parte del problema, según los autores. El primero son los antioxidantes como la vitamina E, ensalzados como remedio anti edad. No hay ninguna prueba genética de que los antioxidantes retrasen el envejecimiento, dicen los autores. No son los primeros en criticarlos, el año pasado, James Watson, padre de la estructura del ADN, ya avisó que la moda de los antioxidantes podría estar restándole efectividad a los tratamientos contra el cáncer.

DAÑOS TERCIARIOS

El cuerpo humano puede regenerarse de muchas maneras. Cada día, cualquier cuerpo genera células con mutaciones que pueden desarrollar el cáncer. Pero el propio cuerpo compensa estos problemas inherentes a la vida y la evolución con contra medidas como el suicidio programado que obliga a las células dañadas a matarse. Por otro lado el cuerpo genera constantemente células madre capaces de regenerar tejidos o estimular el sistema inmune. El tercer nivel del envejecimiento surge cuando estos sistemas colapsan. El paso de los años reduce la capacidad de generar células madre, por ejemplo, lo que conlleva un deterioro más acelerado. En otros casos parece que los tejidos dejasen de hablar el mismo idioma, se dejen de entender y comiencen a atacarse, produciendo inflamación, que, a su vez, es la antesala del cáncer.



Información obtenida del Diario El Comercio.

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