Ellas prefieren una vejez activa
A sus 65 años, Cristina Romo Gil consiguió jubilarse luego de 40 años como profesora, en los que también se desempeñó como directora de la carrera de Comunicación y directora de extensión universitaria en el ITESO. Hoy se considera afortunada al estar disfrutando esta nueva etapa de su vida y al recibir una pensión del seguro social: “Me fui preparando para la jubilación, cerrando ciclos, delegando tareas y haciendo planes, he disfrutado mucho de esta etapa al estar disponible para mis hijas y nietos y para hacer esas cosas que no había podido hasta entonces, como apropiarme de mi casa, viajar, convivir con la familia, y estar disponible y dispuesta”.
Si bien Cristina se ha retirado de la vida académica, la también ávida lectora se dedica hoy a escribir y a sistematizar los artículos que escribió su difunto esposo. A sus 69 años, participa en una asociación de derecho a la información y libertad de expresión, AMEDI, de la cual es fundadora. “Tal vez la edad de retiro podría aumentarse un poco, pues las personas mayores seguimos estando muy fuertes, somos capaces, tenemos más sabiduría, experiencia y madurez”.
La decisión de retirarse depende de factores socioeconómicos, de la satisfacción laboral y de la salud, explica la Coordinadora de la Maestría en Gerontología de la UdeG, Elba Arias Merino, quien agrega que el 16.2% de las mujeres tapatías de 60 años y más tienen que trabajar para subsistir. “Lo que está sucediendo es que la pensión recibida no alcanza, por lo que las mujeres que llegan a la edad de jubilarse y siguen teniendo posibilidades de seguir laborando, optarán por trabajar en lugar de ver mermados sus ingresos y más aún si son madres aún con responsabilidad en el hogar, ya que otro fenómeno reciente es que los hijos se casan más grandes y la precaria situación económica está retrasando su salida del hogar, por lo que las mujeres tienen que emplearse en otras actividades.”
Pero la también doctora en Ciencias de la Salud y especialista en procesos de envejecimiento señala que se ha comprobado que entre más activo sea el adulto mayor, tendrá una mayor esperanza de vida y será más saludable.
En este mismo tenor, el ex presidente de la Comisión Nacional del Sistema del Ahorro para el Retiro (CONSAR), Pedro Ordorica Leñero, señaló que la tendencia global indica que las personas no pasan de activo a retirado: “El grueso, cuando llega a cierta edad, lo que quiere es seguir trabajando en actividades menos intensas”.
De acuerdo con una encuesta de Randstad Holding, el 70% de los participantes mexicanos señaló que le gustaría seguir activo más allá de su edad de retiro si recibiera un aumento de sueldo. En México, según datos publicados por la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), la edad promedio de retiro para las mujeres es de 69.5 años, aunque la ley establece como edad para el retiro los 65 años.
La misma fuente señala que de los países de la OCDE México es la economía que menos pensión otorga a sus trabajadores: “En el país, una mujer retirada recibe, en promedio 55 mil dólares, es decir, casi 30 veces menos que los mejor pagados… en Luxemburgo las mujeres jubiladas reciben las pensiones más altas, con 1.7 millones de dólares, por lo que México es el país de este grupo donde la gente se queda más tiempo en el mercado laboral”.

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